Análisis de “El gordo y el niñito”, de Los Simpsons (T16, E5): Desarrollo psicológico del adolescente.

Análisis de “El gordo y el niñito”, de Los Simpsons (T16, E5): Desarrollo psicológico del adolescente.

5 marzo, 2017 0 By Ensambledeideas

Alfredo Fierro, en su Desarrollo de la Personalidad en la Adolescencia de “Desarrollo Psicológico y Educación (tomo I)”, afirma que «la adolescencia construye un período y un proceso de activa deconstrucción de un pasado personal, en parte tomado y recogido, y en otra parte, abandonado y definitivamente preterido; de proyecto y de construcción del futuro a partir de un enorme potencial y acervo de posibilidades activas que el adolescente posee y tiene conciencia de poseer.»[1]

            Ésta parece una buena frase para el análisis del episodio “El gordo y el niñito”, quinto capítulo perteneciente a la decimosexta temporada de la serie estadounidense “Los Simpsons”, de amplia difusión en nuestro país, que demás está decir que nació como una crítica a las clases económicas, por lo cual reproducen los problemas psicosociales de una familia tipo.

Ver episodio en: http://cadenafull2.blogspot.com.ar/2014/12/16×05.html

            En el mismo, se presenta la situación en la que Bart Simpson, protagonista, tras haber perdido su último diente de leche, debe reconocer que ya no es un niño y que está entrando en la etapa de la adolescencia; es importante marcar la diferencia con la segunda parte del episodio: la situación desde el punto de vista del padre, Homero.

"El gordo y el niñito", Los Simpsons

Fotograma de “El gordo y el niñito”, Los Simpsons

            Basta ver los interesantes y repetitivos chistes relacionados con la pérdida de la mentalidad infantil en el capítulo para entender la elección del mismo. En primeras instancias, Bart parece rehusarse a esa pérdida. Se esfuerza por usar su imaginación de niño, pero sus fantasías terminan siendo abolidas por comentarios y pensamientos adultos. Es aquí donde se presenta una fuerte crisis de identidad, esa identidad que debe pasar por diferentes etapas, como propone Erik Homberger Erikson (1902 – 1994) en sus análisis.

            Tal es la crisis que el pequeño adolescente decide dar un “funeral vikingo” a sus juguetes de niño, colocándolos en una caja y haciéndolos quemar en una balsa sobre el Río Springfield, metáfora del ocaso de la niñez y nacimiento de la adolescencia, metáfora de la muerte de la inocencia completa dando paso a los problemas por los que el protagonista debe transitar en su estado de transición entre su etapa ya pasada y la adultez.

            Este “ocaso de la niñez” se vuelve evidente en el excelente detalle puesto en la escena: se escuchan, narrados por uno de los personajes más solitarios de la serie, los últimos tres versos de una compleja pero corta poesía, perteneciente al autor Robert Frost:

Nada dorado permanece

 

Para mantener su verde más intenso.
Su hoja temprana va floreciendo
Y vive apenas un instante.
La hoja muere al caer, danzante,
Y Edén se hundió en el dolor,

Así cae hoy el ocaso;

Nada queda que sea de oro.[2]

            William Ospina, en Espíritu y Naturaleza de un Territorio, describe esta poesía como respuesta a esa estética de finas percepciones y de lentas metamorfosis claramente aplicable al período de la adolescencia donde la adaptación no es fácil y otros significantes no contribuyen a que se facilite, como afirma Alfredo Ferro en Conflicto y Adaptación del mismo capítulo que las citas vistas párrafos antes.

            Es evidente la necesidad del adolescente de poder expresarse, de poder mostrar lo que siente o piensa, muchas veces sin tener la posibilidad. Esto se ve reflejado también. Tras un comentario de su hermana, comienza a escribir leyendas en sus remeras. Así, cuando la madre quiere componerlas, Bart exclama: “¡No, déjame en paz! Con esto expreso mi ira”. Evidentemente, esto ayuda al adolescente a constituir su identidad propia, a juzgar, juzgarse y percibir lo que juzgan los demás. A partir de este hecho, Bart comienza a vender sus remeras personalizadas, en un intento de llevar esta acción como su “primer trabajo”, signo de madurez y comienzo de una vida adulta. Por otra parte, como afirma la bibliografía del autor citado al principio del presente informe, no siempre el adolescente consigue una identidad lograda. A menudo la crisis adolescente se resuelve en el fracaso o el malogro. Esto puede dirigir a una verdadera confusión de la propia identidad o una mera “difusión” de la misma, posiblemente manifestada en vivencias o sentimientos contradictorios.

            El protagonista del episodio pasa por esto y es evidenciado en su desilusión cuando, primero, la policía confisca su mercancía y, luego, cuando la competencia logra hacer de su negocio un fracaso. Sin embargo, estas desilusiones no entorpecen con las aficiones y aspiraciones del adolescente, que intenta definir quién es él mismo y quiere hacerlo a partir de sus actividades.

            Tras el éxito de sus ventas, el capítulo gira en torno a otra problemática, ya dedicada a otra etapa de la identidad personal: “la vida adulta, más allá de la identidad”, mostrando la –otra– crisis de identidad, ahora de Homero Simpson. Es así que se pone en juego la “generatividad” o “creatividad”, característica de quien es capaz de ampliar su propio yo, al generar realidades objetivas en torno suyo, como resultado de su acción, al modo de una extensión de sí mismo, sea en hijos o en obras de creación, en actos que dejan huellas.”[3]

            Esto es perfectamente aplicable a las acciones llevadas a cabo por Homero: cuando se ve desplazado por la supuesta supremacía de su primogénito en la jerarquía familiar, con una excelente alegoría con un documental sobre leones africanos –a tono de broma y, a la vez, explicación de sus sentimientos–, decide ocupar su vida y construir su realidad en torno a su hija, Lisa, y los proyectos que ella debe presentar para los concursos de ciencia en su escuela, por lo cual el padre pone en práctica sus leves conocimientos aprendidos en la planta nuclear donde pasa sus días para ayudar a que Lisa gane y demostrar, implícitamente, su condición de padre solidario en un acto que deja una huella.

            No obstante, poniendo nuestra atención a la situación de Bart, es fácil ver cómo la emancipación de sus padres se vuelve un error para él cuando, al ser estafado en sus negocios, requiere de la ayuda de su padre. La infancia y la adultez, la madurez y la necesidad de protección, todo ello se vuelve una constante en la vida del adolescente y se observa, consecuentemente, en el episodio con el acontecimiento dicho. La emancipación de la familia, la aguda conciencia de sí mismo en un autoconcepto explícito, el inicio de la vida adulta, el proceso de ajuste de las demandas sociales (que son bien vistas en otros episodios donde la protagonista principal ahora es Lisa, como en “Durmiendo con el enemigo”, tercer capítulo de la decimosexta temporada[4]), son fenómenos que se asocian con la adopción de valores.

El gordo y el niñito, Los Simpsons

Fotograma de “El gordo y el niñito”, Los Simpsons

            El capítulo culmina con una especie de reconciliación de una inexistente pelea entre el padre y el hijo, cuando el televidente en realidad sabe que esa competencia no es más que una búsqueda de independencia, de su propia intimidad y de su propia nueva vida. “El adolescente, de todos modos, a lo largo de toda la etapa, sigue con una enorme demanda de afecto y de cariño por parte de los padres, en grado no menor a la de la infancia. Puede mostrarse huraño y esquivo frente a algunas manifestaciones de ese cariño –tal como Bart se vuelve reacio a las muestras de afecto de su madre–, cuando los adultos toman aires de sobreprotección, pero aún entonces el adolescente lo necesita.”[5]

            A manera de conclusión, es suficiente decir que para el adolescente, su nuevo plan de vida le exige plantearse nuevos problemas, de carácter éticos, intelectuales y afectivos, tal como lo describe Arminda Aberastury, psicoanalista argentina nacida en Buenos Aires en 1910 y fallecida en 1972) y Mauricio Knobel (pionero del psicoanálisis argentino, fallecido en 2008).

El niño ya no es niño, el Bart Simpson ya no es el travieso infante de 10 años que fue y debe afrontar esa “tormenta”, como muchos describen, a veces erróneamente, de la adolescencia. Cada situación del episodio, inundada de chistes cultos acerca de dicha etapa, parece entonces estar más dirigido a la visión de un ser maduro, capaz de discernir los procesos, vivencias y experiencias por los que el ya-no-niño de pelo puntiagudo y piel amarilla debe pasar; cada situación del episodio, con trasfondos debatibles y debatidos por la psicología del adolescente, parece entonces estar más dirigido a los que estudian y analizan la adolescencia, no específicamente para una mentalidad infantil que sólo ve dibujos animados llamativos y se entretiene con ellos. El niño ya no es niño.

Prof. Hernán R. Gómez


 
 

[1] Fierro, Alfredo: “Desarrollo Psicológico y Educación (tomo I)”. Cap. 22. Desarrollo de la Personalidad en la Adolescencia. §1, Edad de Transición. Pág. 328.

[2] “Nothing gold can stay”, Robert Frost (1874-1963). [Nature’s first green is gold / Her hardest hue to hold. / Her early leaf’s a flower; / But only so an hour. / Then leaf subsides to leaf. / So Eden sank to grief, / So dawn goes down to day. / Nothing gold can stay.] Traducción popular al español latino.

[3] Fierro, Alfredo: “Desarrollo Psicológico y Educación (tomo I)”. Cap. 22. Desarrollo de la Personalidad en la Adolescencia. §2.1, Génesis de la Identidad. Pág. 333.

[4] Es válida la aclaración, pues el episodio fue presentado en clase el día Martes 31 de Mayo del 2011, para mostrar el retrato, desde la piel de Lisa, de cómo la sociedad impone un cuerpo “perfecto” llevándola a la anorexia.

[5] Fierro, Alfredo: “Desarrollo Psicológico y Educación (tomo I)”. Cap. 23. Relaciones sociales en la adolescencia. §1.2, El grupo de los compañeros. Pág. 341.

 

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