Entrevista a Walter Rivabella: “El teatro es una de las formas que tengo para contar historias que es lo que me apasiona.”

Walter Rivabella
Entrevista de Hendidura Teatral a Walter Rivabella

Una breve reseña de Walter Rivabella

Walter Rivabella y Natalia Iriarte son una pareja que decidieron apostar no sólo por el arte, sino también por diferentes oficios en Capitán Sarmiento, provincia de Buenos Aires. La unión hace la fuerza y por lo tanto compraron un inmueble con esa finalidad en el año 2017. Hoy, tres años más tarde, los agarró la cuarentena. Los talleres, funciones, seminarios se cancelaron, suspendieron o postergaron, pero los proyectos siguen en pie, tanto los que estaban como los que estarán. Esto es debido de manera indiscutida a la fuerza que le impregnan ambos al lugar. Le ponen fichas permanentemente.

Eufemia es el nombre que decidieron asignarle al espacio, es la única sala totalmente privada de Capitán Sarmiento, a ver si leímos bien, a ver si nos entendemos… La única.

Dicho nombre, Eufemia,  proviene del libro de Italo Calvino ¨Ciudades invisibles¨ en donde en esta ciudad llegaban los mercaderes de siete naciones con la finalidad de intercambios de mercaderías y contar luego sus historias.

Walter Rivabella es un narrador y cuanto más sabemos de él, más nos damos cuenta de su interés y formación por la tradición oral. Ese fue su puntapié inicial, luego siguió el canto y del canto a la actuación. En todo Capitán Sarmiento lo conocen de diferentes maneras; para llegar a él podemos preguntar por el escritor, el narrador o el profesor de teatro.  Por lo tanto es entendible que en la pareja fuese él quien aporte los cursos de teatro para niños, adolescentes y adultos, como así también, talleres de dramaturgia, oralidad, etc. Mientras que Natalia Iriarte se encarga de todo lo relacionado a los oficios, entre ellos, su formación y conocimiento en talleres de restauración de muebles y tapicería. Ambos nos ofrecen, tal cual como Italo Calvino, acercarnos al espacio desde diferentes ciudades o pueblos, para intercambiar conocimientos e historias. Eufemia es sin duda alguna un nombre perfecto e ideal para este espacio de arte y oficios.

El inmueble es amplio, en él se han desarrollado además de los mencionados, innumerables cursos y talleres de mosaiquismo, bordados, tejido, estampado metalizado, dibujo, yoga, espectáculos de teatro, muestras, narración, fotografía, calzado, pintura sobre tela, vidrio o cerámica, redes, cocina saludable, encuadernación, filosofía, origami, shibori y mucho más.

Realizada ya esta introducción, sólo me queda dar paso a la hermosa entrevista que nos obsequió Walter, gracias a él, podemos decir que seguimos dando a conocer de manera federal a diferentes artistas y salas teatrales de nuestro país. En este caso nos separan sólo 150 kilómetros de la CABA. Por lo tanto no hay excusas, sólo nos queda agendar, en qué fecha iremos a conocer Eufemia.

La entrevista a Walter Rivabella

Hendidura Teatral (HT): ¿Cómo fueron tus comienzos en la escritura?

Walter Rivabella (WR): De chico en la primaria se me daba bastante bien escribir composiciones o cuentos. Más tarde, cerca de los veinte años escribía poemas —horribles— para un amigo que tenía un programa de radio en una F.M. local.

Un poco antes, había empezado a leer, después del Martín Fierro, a Cortázar por recomendación de una tía: leí casi toda su obra de corrido. De pibe lo más cercano a la literatura fue el Anteojito y los libros escolares poblados de cuentos, poemas y otros textos como algunos de Juana de Ibarbourou, Lugones, y J.W. Ábalos en el mejor de los casos.

Pero a los 25 más o menos, junto a un par de amigos, llegó nuestro propio programa de radio: música latinoamericana, Serrat —bastante Serrat— algo de rock nacional… literatura e historia. Allí comencé a escribir columnas que tenían que ver con noticias, generalmente del pueblo, que me causaban algo de gracia y algo de enojo. Entonces escribía, con un toque —o algo más— de ironía, utilizando a veces nombres de pueblos inexistentes, sobre hechos similares a aquellos que oficiaban de disparador. Trataba —aun lo hago— de no pasar de lo absurdo o lo irónico ya que el próximo paso suele ser lo sarcástico y poco puede construirse desde allí. El programa duró 10 años aproximadamente, era semanal y si bien dejé de escribir con continuidad de vez en cuando aparecía algo que para los oyentes tenía cierta gracia.

Hasta que me estimularon para participar de certámenes literarios de la provincia, donde me fue bastante bien en tres o cuatro oportunidades. Después, con el tiempo, comencé a escribir con el sueño de publicar un libro y así fue como a mis 38 apareció Ni cura, ni sanación, mi primer libro de cuentos.

HT: ¿Existe un horario propicio para ponerte a escribir o cualquier momento es ideal?

WR: Hace poco creí descubrir que se me daba mejor entre las 10:00 y las 13:00 hs., pero no tuve muchas ocasiones de probar si es cierto; sigo escribiendo cuando puedo o tengo ganas. Durante una época, allá lejos, lo hacía de noche. Una vez, no podía conciliar el sueño y me puse a pensar en una historia, sobre como nacían ciertas palabras. Apareció Libertad y al rato ya tenía el cuento. Me levanté a escribirlo y así nació El grito sagrado. El primer cuento que obtuvo premios en un certamen, que llegó a integrar una antología de nuevos narradores y que le abrió la puerta a otros de mis cuentos a un programa radial que se emitía por radio América, si mal no recuerdo: Las noches y los cuentos. Dora Sajevicas, —primera profesora de narración oral y hoy gran amiga—fue quien ofició de nexo y lo “sacó a pasear un poco”.

HT: También mencionabas que te llevabas bien con la soledad; en tus cuentos escritos o leídos se observa lo rural como en ¨Mire usté¨ o en la columna ¨Acuarela Telúricas¨ de un semanario local, también la muerte está presente en ¨El camino a la gloria¨ ¿Cuánto de esa soledad hay en tus textos en general?

WR: Soy hijo único de una familia donde solo mi madre tenía un hermano. Ella murió cuando yo tenía casi catorce. En mi infancia estuve rodeado de familiares contemporáneos a mis abuelos, a quienes no conocí, y primos de mis padres algo mayores. Ellos, y mi padre sobre todo, vivían contando historias protagonizadas por gente de antaño.

También con el tiempo, comencé a frecuentar un boliche del pueblo al que concurrían personas en su mayoría solitarias. Todos éstos, más lo leído y lo estudiado, fueron forjando al contador de historias que soy. Algunos de ellos murieron cuando yo era muy chico y así fue como comencé a tener contacto directo con la muerte.

“No conozco el miedo. Sólo le temo a lo desconocido”, dice el Etchenique de Fontanarrosa; hete aquí mi relación con la muerte, pero si bien en mis textos hay bastantes personajes solitarios, la muerte no está demasiado presente. O tal vez, como dicen algunos, suceda lo mismo que en “Las mil y una noches”, que no se nombra demasiado — o nunca— a los camellos pero se sabe que están. Habría que preguntarle a algún lector, pero tendría que buscarlo como a los camellos.

HT: ¿Existe algún libro que soles releer habitualmente y que nos quieras contar?

WR: Libros enteros muy poco, es tanto lo que queda por leer que siempre estoy buscando algo “nuevo”. Sí marco mucho y algunas veces vuelvo a fragmentos subrayados o anotaciones al margen. De vez en cuando me pregunto por qué habré marcado esa frase o párrafo, pero son riesgos que se corren, como lo que se pierde con una sola lectura.

Pero suelo volver asiduamente a Borges, a Conti, a Hebe Uhart y al Libro del desasosiego de Pessoa. De vez en cuando me releo un par de cuentos de Fontanarrosa que el narrador oral tiene pendientes. No son de los más conocidos: Un hecho curioso y Un puente demasiado lejos. Tampoco cuentos sobre fútbol aunque en el primero la temática esté en un segundo plano. Curiosamente, en una época fui bastante futbolero, pero los cuentos referidos a deportes no me entusiasman demasiado.

HT: ¿Qué nos podes decir de Rara Avis?

WR: Rara Avis es mi segundo libro de cuentos y no tan cuentos. Nació con la idea de que fuera un catálogo de aves inexistentes, especies de fénix de la pampa húmeda. Pero el catálogo, que al principio iba, pintaba para lindo se fue quedando y como tenía varios cuentos de otra temática que quería publicar se fue armando un Frankestein con tres partes, cuentos de pueblo y algo de ruralidad, donde se halla el Mire usté que mencionabas; el catálogo de aves —que llegaron a ser siete— y un puñado de cuentos donde hay un poco de todo: desde un viaje argentino hacia la luna, pasando un caballo parlante que cuenta su vida —un Mr. Ed to the pampa’s— hasta el relato de dos cavernícolas que descubren el fuego y uno de ellos queda como encargado de cuidar que no se apague: a su vez es el nacimiento de la mentira y el oficio de contar.

Como puede intuirse, me gusta trabajar con el humor y si es absurdo mejor.

Walter Rivabella

HT: ¿Cuál es la relación tuya con el teatro?

WR: El teatro es una de las formas que tengo para contar historias que es lo que me apasiona. “Soy como el hombre que lleva un ladrillo consigo para recordar que tenía una casa” —o algo así— dice Brecht. Bueno, yo llevo tres piedritas. Como la escritura y la narración, el teatro es una inquietud que tengo desde muy temprana edad, aunque me tomé mi tiempo, un poco por la distancia. Mi meta siempre fue estudiar en Buenos Aires porque sobre todo quería conocer a otras personas, lugares de aprendizaje, formas…pero un poco por inseguridad y otro por algún que otro sobrevenir me fui quedando para bien y para mal, hasta que llegó un momento con cierta crisis vocacional, mucho enojo por esta postergación, en que tomé la decisión y comencé finalmente con los estudios.

Hoy en día puedo decir que es para lo que más me he capacitado: talleres anuales e intensivos varios años, puesta en escena y dirección…hasta de canto; pero la actuación en sí, si bien lo he hecho, es lo que menos desarrollé hasta aquí. Una materia pendiente que espero cumplir a corto plazo, pandemia de por medio. Proyectos hay.

Todavía me quedan ganas de seguir perfeccionándome. Soy un eterno alumno y hablando de eso tengo los míos: desde infantiles hasta adultos de los que estoy más que agradecido ya que me permiten desarrollarme, poner en juego lo aprendido. Hice mis primeras armas en colegios, trabajando con alumnos y docentes, y eso fue en definitiva lo que me animó a ser docente, en un espacio propio.

Walter Ravabella

HT: ¿Qué le falta y que le sobra a Capitán Sarmiento en lo referido al teatro?

WR: Por un poco de respeto a los muchachos y muchachas que tienen más trayectoria en el teatro de mi ciudad, tal vez no sería yo quien deba responder esta pregunta. Con respecto a mi grupo nos falta experiencia, hace dos años y medio que abrimos nuestro espacio y cuando por fin pudimos debutar con el grupo de adultos vino la pandemia… Para colmo, cuando podamos volver seguramente vamos a tener que arrancar de cero. Los más jóvenes se van a estudiar a C.A.B.A y una de ellas: actuación. El otro andará por la comunicación, las letras… Una pérdida que tiene sus ganancias y eso es lo que me pone contento.

Aunque, para no esquivar el bulto, creo que lo que falta tiene que ver con la escasez de presentaciones que los grupos pueden hacer. Hay oferta pero no demanda, y si tienen la suerte de salir hacia otras localidades pueden llegar a realizar alguna presentación más, pero si no, trabajan mucho tiempo para presentarse una o dos veces en un ciclo. Un par de años después, nueva obra y a continuar con la misma situación.

También en algunos casos, puede verse en pueblos parecido al nuestro, existe cierto abuso de la irreverencia y de la transgresión con el fin de “concientizar” al público sobre un determinado tema, o mostrar un teatro diferente, cuando con esas formas solamente dejan fluir sus emociones e impulsos reales renunciando a servir conceptualmente al texto, explorar lo orgánico en relación con lo que el autor compuso.

Eso sí, les sobra para su bien pasión y de allí el compromiso de trabajo que vienen realizando algunos ya alrededor de tres décadas.

Walter Rivabella – El final de Domingo en el recreo, de Carlos Diviesti, por el grupo de teatro de Eufemia
Taller de teatro de Walter Rivabella

HT: Alberto Laiseca ha tenido un programa de TV denominado cuentos de terror ¿Cuentos de que genero elegiría Walter Rivabella para un programa similar?

WR: Aunque me gustan varias temáticas —menos la de terror justamente por más que me guste Laiseca— elegiría cuentos con cierto contenido pueblerino o mejor dicho que se refieran a personas y ciudades del interior. Sin la necesidad de vestirse de gaucho y hablar como el inigualable don Verídico. Además, no requeriría mucha escenografía, una mesa, una silla y un mate de compañero, pensando en la lamparita del programa de TV al que hacés mención.

Se podrían abordar cuentos de Tizón, Conti, Uhart, Moyano, Andruetto, Morosoli, Delgado Aparaín (estos dos últimos uruguayos), pasando por un montón de latinoamericanos; hasta de Flannery O’Connor o Faulkner, por qué no.

HT: Si tuvieras que definir con una sola palabra a los abajo mencionados ¿Cuál sería?:

Haroldo Conti: Imprescindible.

Landrisina: Federal.

Cortazar: Incitante.

Fontanarrosa: Necesario.

Hebe Uhart: Maestra.

Frank Kafka: Inquietante.

Jorge Luis Borges: Ineludible. Universal.

HT: Supongamos que podemos volver el tiempo atrás y podrías juntarte a tomar un café con alguno de estos escritores; ¿Qué escritor sería el elegido? ¿Qué te gustaría conversar con él puntualmente?: Kafka, William Shakespeare, Samuel Beckett, Federico García Lorca, Eugéne Ionesco, Eduardo Pavlosky

WR: Uy, estaría entre Shakespeare y Lorca, aunque con Lorca me resultaría más fácil convencerlo para reemplazar el café por unos mates.

Hablando en serio soy un admirador de su obra y además, me gustan los trabajos artísticos de todo tipo: cine, teatro, literatura, que hablan de la guerra civil española.

Y en algún momento de la charla, le pediría que me recite el final de Bodas de sangre en cuyos últimos dos versos dice: “donde tiembla enmarañada/ la oscura raíz del grito”. Lo había olvidado pero es junto a Miguel Hernández otro de los autores a los que vuelvo cada tanto.

HT: ¿Cómo surge Eufemia?

WR: Eufemia surge gracias a que nos conocimos con Natalia, mi compañera, y descubrimos que los dos teníamos gustos por actividades que podían complementarse de algún modo y que eran para nosotros necesarias. Entonces apareció el deseo de vivir de y con ellas, y enfilamos nuestras vidas hacia este proyecto; con la necesidad de crear en definitiva un lugar de encuentro.

El hallazgo del nombre lo resume todo: Eufemia está inspirada en una de Las ciudades invisibles de Italo Calvino del mismo nombre, claro. Es una ciudad portuaria donde en cada solsticio y equinoccio los trabajadores se reúnen a contar historias alrededor de la hoguera, después de haber vendido sus trabajos.

Eufemia, de Walter Rivabella y Natalia Iriarte

HT: ¿Qué actividades se vienen realizando en Eufemia?

WR: Ahora, durante la pandemia, todo se redujo a la venta de libros y algunos productos artesanales realizados por mi compañera y también al trabajo solidario que vienen haciendo un grupo de tejedoras, que es para destacar.

Estamos buscándole la vuelta a esto de las clases por internet pero no se la encontramos: son muy virtuales, según definición de la RAE. En definitiva creemos y defendemos “lo presencial”. Necesitamos que el encuentro sea directo.  

Pero en tiempos normales —si es que los hay y que esperamos regresen pronto— hay para todos los gustos exceptuando talleres musicales, salvo algún que otro intensivo, ya que hay otro espacio que se dedica exclusivamente a las clases de ese tipo. En esos tiempos como te decía, hay para todos los gustos: dibujo y pintura, escultura, bordado, tejido (diferentes técnicas), costura, yoga, elongación, restauración de muebles, tapicería, filosofía, literario, narración oral, teatro…Mi compañera tiene a cargo un par de ellos mientras yo tengo otro tanto, el resto están dirigidos por diferentes profesoras de la ciudad. También hay intensivos: jornadas de un día o dos en distintos fines de semana. Para ellos se necesitan cierta cantidad de alumnos ya que los profesores, son de otros lugares de la provincia o de C.A.B.A.  En gran parte los talleres son para todas las edades.  Además, tenemos pendientes el club de lectura y el ciclo de cine, pero ojalá podamos llevarlos a cabo cuando retome la regularidad.

Walter Rivabella – Festival de Letras en Eufemia. Charla con el escritor Ricardo Mariño

HT: ¿Qué le dirías a la gente que no conoce Eufemia para que se acerque a conocer el lugar?

WR: Que fundamentalmente es un lugar de convivencia, cálido, donde se puede disfrutar del aprendizaje de un oficio hasta algo artístico, además de diferentes espectáculos que van desde títeres hasta teatro para todas las edades, conciertos musicales y encuentros de narración oral, de poesía. También tenemos librería y barcito —así, modesto—, además de ferias de manualidades, artesanías y libros.

Un lugar para disfrutar con la familia, con amigos o en soledad, ya que si lo desea siempre hay alguien con quien conversar.

Eufemia ha tomado una importante iniciativa que luego decidió trasladar al Consejo Deliberante de Capitán Sarmiento, que consiste en crear la figura de Centro Cultural, conjuntamente con unos concejales elevaron la ordenanza, la cual ya fue  aprobada, sólo falta ahora su reglamentación final.

Mientras tanto, Eufemia no se queda quieta, no pierde el tiempo en absoluto y  para eso sigue avanzando en los futuros proyectos que vendrán el día después de la cuarentena. Que inevitablemente llegará y será a todo festejo, como lo fue el día de la inauguración, con el espacio lleno.

Un día como hoy, 13 de Junio pero del año 1874 nacía Leopoldo Lugones y en su memoria se instituyó el día del escritor. Por lo tanto qué mejor que compartirles esta entrevista con Walter Rivabella, el escritor de Capitán Sarmiento, a quien Hendidura Teatral no sólo le agradece sino que también le desea un bien merecido ¡FELIZ DÍA DEL ESCRITOR!, WALTER RIVABELLA, EL ESCRITOR DE CAPITÁN SARMIENTO.

Walter Rivabella – Recital en el patio

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